August

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El Secreto de la Vida

Frente a la montaña

La tradición nos dice que seguir la Vía es como escalar una alta montaña. Aquel que ha decidido emprender el ascenso elegirá la vertiente que quiere escalar y buscará un guía para que le muestre el camino. Si la vertiente es demasiado abrupta o el guía es inexperto, los resultados pueden ser desastrosos. Pero incluso con el mejor guía no es fácil. Los obstáculos son numerosos, los esfuerzos penosos. Es necesario un gran combate, un fantástico cuerpo a cuerpo con la montaña. Los músculos se tensan, los dedos se aferran fuertemente a las rocas. Cada gesto debe ser preciso, medido. No se puede dejar nada al azar. Un paso en falso significa la caída.

Pero ¿cuál puede ser el interés de este desafío de cada instante, entre la cima y el abismo, entre la vida y la muerte?

Aquel que afronta la montaña sabe, o algo en él sabe, que el gran combate tiene lugar dentro de sí mismo. La montaña no es más que un pretexto, es lo que permite al hombre enfrentarse a sí mismo, es lo que le da la ocasión de superarse. El practicante va a desarrollar la voluntad y la energía necesarias para su evolución, enfrentándose a las dificultades. Las pruebas son en realidad una ayuda para segur la Vía.

” Cuando el Cielo quiere confiar una misión importante a un hombre, comienza por llenar su corazón de amargura, confundiendo su compresión y trastornando sus proyectos. Después lo fuerza a ejercitar sus huesos y músculos. Le hace experimentar el hambre y todo tipo de sufrimientos. Cuando el hombre emerge, triunfante sobre todas las pruebas, es capaz de realizar lo que antes no habría podido hacer.” Esta cita de Mencio es una preciosa indicación en cuanto al sentido de la vida.

¿Cuál es la apuesta de este combate interior? Para los Maestros, los verdaderos obstáculos que impiden al discípulo avanzar son los creados por su personalidad artificial. El hombre ordinario, asfixiado por un collar de hábitos físicos y mentales, su visión del mundo deformada por una pantalla de ilusiones, es un enfermo cortado de su ser profundo cuyas posibilidades están sin explotar. El trabajo que hay que realizar consiste pues en hacer saltar los bloqueos físicos y mentales, para que las fuerzas latentes en el hombre puedan florecer libremente. El budo, la Vía del combate, como cualquier otra Vía auténtica, tiene como meta la regeneración del individuo. Pero esta realización de sí sólo puede ser alcanzada por una lucha sin piedad contra los propios defectos, contra las propias debilidades, contra las propias ilusiones. Para vencer los obstáculos interiores hay que tener además la paciencia de acosarlos sin tregua y el coraje de enfrentarse a ellos. Orgullo, cobardía, impaciencia, dudas, todos ellos alimentados por la ilusión, son trampas temibles en las que muchos han caído. El sendero es largo, difícil y penoso. Una de las claves de la Vía es no desalentarse y perseverar, a pesar de todo, a pesar de uno mismo.

No hay que olvidar, como lo decía D.T. Suzuki que “en tanto que no se haya comido el pan de la tristeza, no se podrá conocer el sabor de la vida real.”.

Extraído del Libro “El Blanco Invisible”

(cuentos y narraciones)

Recopilación de Pascal Faulliot

El Zen en las Artes Marciales

Colección Visión Zen


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